domingo 31 de octubre de 2010

Principios


Así comienza mi proyecto de libro:

-Es imposible cometer un error, no hay ningún cabo suelto:

-Guantes de látex para no dejar huellas, cuchillo del propio bar, tres posibles vías de escape, pelo teñido con peinado alternativo, barba postiza, lentillas de color verde, zapatos viejos de cuatro números de más, ropa vieja de la parroquia, nada puede fallar.


Espero en silencio, la calle se oscurece y queda muerta, estoy decidido.

La primera gota cae en mi nariz, la segunda golpea mi mejilla, miro al cielo, empieza a llover, una densa lluvia azota las calles. Sonrío, si existe algo allí arriba, parece que está de mi parte.

El tiempo pronto se ve acompañado de fuertes truenos, me motiva, hace de mi cometido algo más, como si fuese un acto divino, y yo, una deidad. Observo el avance del segundero, impasible.

Las dos de la mañana, llevo horas aquí, y nadie ha reparado en mi. La puerta del bar se abre,
la sangre me hierve, el corazón se acelera, mi pulso tiembla. Meto la mano izquierda en el bolsillo y agarró el mango de mi ejecutor. Si, de la puerta sale una mole gorda tambaleándose, podría reconocer su asqueroso hedor a cientos de metros, es él.

El tiempo se detiene, cada paso que doy se ve acompañado de decenas de sensaciones, de cientos de pequeños placeres. Estoy a cinco metros de comenzar mi obra, doy un paso, respiro, otro paso, suspiro, a tres metros, otro paso, saco el cuchillo, respiro, uno más, a un metro, saboreo cada milésima de segundo, un paso más. Mi pecho toca su espalda, tiro de su frente hacia atrás con mi mano derecha, sin darle tiempo a reaccionar con la izquierda alargo el cuchillo hacia el cuello, huelo su miedo, sonrío, imagino la escena digna de cualquier película de terror, cae un trueno, deslizó la hoja hacia abajo sin compasión, otro trueno silencia su grito, observo como cae al suelo, siento su vida escapándose, la sangre contagia el asfalto, sus ojos sin vida encuentran los míos. Tiro el cuchillo a su lado y salgo de allí, su vida acaba,
y la mía,
vuelve a empezar.


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